domingo, 26 de diciembre de 2010

«La llave de Sarah», una revisión de conciencia

Basada en una novela de Tatiana de Rosnay, La llave de Sarah que se estrena el próximo treinta de diciembre, abre desde el presente una interesante puerta al pasado y supone un examen de conciencia contemporáneo sobre el expolio nazi.
  Ambientada en ese París al que sólo tienen acceso los profesionales de clase alta, pone el foco en el personaje de Julia Jarmond (Kristin Scott Thomas), una periodista americana casada con un francés, que compatibiliza la reforma de una casa estupenda del centro de la ciudad con un trabajo de investigación sobre el expolio al que fueron sometidos los judíos franceses durante la ocupación nazi.
  La acción retrocede a esa época y se centra en la historia de una niña, Sarah, que de la noche a la mañana cambió su hogar por un campo de concentración. Angustiada porque escondió a su hermano pequeño en un armario de la casa familiar, todos sus esfuerzos van en una dirección: escapar de allí para rescatarle. Partida ya la acción, las informaciones que va recopilando la periodista y las dificultades que afronta la niña judía, hace que presente y pasado confluyan en una revelación dramática.

martes, 21 de diciembre de 2010

Las chinescas sombras de la Muerte


Sobre la primera parte de Las Reliquias de la Muerte, los expertos han dicho un poco de todo, pero prevalecen no obstante las críticas positivas.
  Un adjetivo que parece tener el don de la ubicuidad con respecto a su aplicación sobre las películas de Harry Potter es el de «oscuro». Su aparición se fundamenta en una fotografía grisácea y un diseño de producción igualmente lúgubre, que sólo se aligera puntualmente. Pues bien, que todo el mundo se olvide de las anteriores entregas porque esta vez sí que estamos ante una película negrísima de verdad (y no sólo porque el trabajo técnico de Eduardo Serra supere al de sus antecesores, que también). Y es que, si a menudo esa oscuridad tan característica ha resultado pueril, en esta ocasión el abismo es más real que nunca. Llevamos, como mínimo, desde la cuarta película escuchando la letanía de que «Harry se hace mayor», pero Las Reliquias da en el tuétano de ese cambio de estado. Pasar a la edad adulta no tiene nada que ver con tener las hormonas revueltas, sino con la toma de decisiones y sus consecuencias en un universo tan vacío como la casa de Harry que vemos antes de los títulos de crédito. No hay paso atrás, pero tampoco parece haber un paso adelante. Con la destrucción de los horrocruxes se destruyen también la infancia y la inocencia.
  Por otra parte, la dirección de David Yates salta del convencionalismo a la majestuosidad del blockbuster, y la cinta contiene el momento más cinematográfico de la saga: la fábula de las Reliquias en sombras chinescas, que ha sido calificada por la revista Cinemanía de «narración visual precinematógrafo». Se trata de una escena que, además de un punto culminante en la serie, supone una metáfora de la misma, pues fuera de Hogwarts, alejados los protagonistas de su crisálida, todo son sombras.
  Es por todo esto que resulta paradójico que el Vaticano haya vertido múltiples críticas negativas sobre la séptima entrega de las aventuras del joven mago argumentando que «se trata de un filme tenebroso y pesimista». Radio Vaticano manifestó además que «el aislamiento, la frustración y la falta de metas son los defectos más visibles de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte». Como digo, es curioso que vean defectos en estas características de la cinta, puesto que, a mi modo de ver y al de muchos otros, en realidad se trata de sus mayores virtudes.
  Durante los casi diez años que ha durado la saga, son muchos los niños que han crecido viendo las películas de Harry Potter. Estos niños han pasado, al mismo tiempo que Harry, de la infancia a la adolescencia y de la adolescencia a la edad adulta, y también al mismo tiempo que él, han ido desengañándose y dándose cuenta de que el mundo dista mucho de ser como lo pintan los cuentos. Dicho de otro modo: las películas de Harry Potter han sido capaces de crecer y hacerse adultas a la par que lo hacían sus innumerables seguidores, un mérito con el que pocas sagas cinematográficas tienen la posibilidad de competir.
  Os dejo, a continuación, un video que incluye la escena de la fábula de Los tres hermanos, para que podáis apreciar el magnífico uso que se hace en la secuencia del original recurso de las sombras chinescas.

martes, 14 de diciembre de 2010

Clint Eastwood, duro de profesión

Retrato a lápiz del actor en su famoso papel de el Hombre sin nombre para Por un puñado de dólares.

Alto, parco en palabras y letal. Así era el implacable pistolero conocido como El Hombre sin nombre, la primera encarnación cinematográfica importante de Clint Eastwood. Este brutal antihéroe, protagonista de tres espagueti wéstern Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo fue un icono cuidadosamente creado por Eastwood y el director Sergio Leone.
  Para empezar, la elevada estatura de Eastwood lo convertía ya en una presencia destacada. Él mismo cuenta que lo han comparado con una pequeña secuoya. Luego estaban la mirada impenetrable, el rostro curtido y el poncho raído, que le conferían un aspecto amenazador. Eso sin mencionar los cigarros toscanos que Eastwood odiaba tener que fumar y que lo ponían de un humor de perros. Leone le dio un único consejo al actor: «No hagas nada, quédate quieto justo donde estás», y la tensa quietud de Eastwood transmitía una sensación de ira acumulada y a punto de salir disparada de su Colt del cuarenta y cinco en cualquier momento.
  Eastwood cortaba además sus propios diálogos para crear una omnipresente sensación intimidatoria. «Hacía que el aire dijese más que las palabras», dijo el compositor Quincy Jones en cierta ocasión. Cuando por fin abría la boca, era para proferir amenazas entre dientes. Los productores de la primera película se mostraron escépticos al principio. Como el propio Eastwood cuenta, decían: «pero por Dios, este tipo no hace nada. No dice nada. ¡Ni siquiera tiene un nombre! Y ese puro ahí colgando, consumiédose sin más». Sin embargo, el público en todos los rincones del mundo respondió enseguida al aura de misterio tan poderosa que transmitía el enfoque minimalista de Eastwood a la creación del personaje.
  Y eso fue sólo el principio, pues aunque eran muchos los que creían que el actor jamás iría más allá de los papeles de tipo duro, con los años demostró también excelentes dotes para el drama, como se se refleja en Los puentes de Madison o Gran Torino. Además, desde que en 1970 fundó la productora Malpaso, Eastwood ha dirigido más de veintisiete películas, en las que destacan los temas de la redención, la justicia y la expiación. En este sentido, el mayor exponente es Sin perdón, un atípico wéstern que rompe con los estereotipos y desdibuja la línea divisoria entre los héroes y los villanos. 
  Por sus filmes, Eastwood ha recibido dos Óscar a mejor película, dos a mejor director y numerosísimas nominaciones, y continúa haciendo películas que amplían y reinventan los géneros, tramas y mecanismos tradicionales de Hollywood. Esperemos que siga haciéndolo por muchos años más.

«Tiene que haber cientos de razones para que no te dispare. Pero ahora mismo no se me ocurre ninguna.»
Nick Pulovski (Clint Eastwood).

domingo, 5 de diciembre de 2010

Roman Polanski, un triunfador en pijama


La película de Roman Polanski El escritor se coronó anoche como la gran vencedora de la vigésimo tercera edición de los Premios del Cine Europeo al calzarse seis galardones, alguno de los cuales el realizador, más ancho que pancho, agradeció por videoconferencia en pijama desde el salón de su casa.
   Debido al juicio que desde 1978 tiene pendiente en Los Ángeles por cargos de abuso sexual y al acuerdo de extradición existente entre Estonia y Estados Unidos, Roman Polanski no pudo acudir anoche a Tallín para presenciar la victoria absoluta de su última cinta. Mejor película, mejor director, mejor guión (escrito junto a Robert Harris), mejor actor (para Ewan McGregor), mejor banda sonora (para Alexandre Desplat) y mejor dirección artística (para Albrecht Konrad) han sido las categorías en las que El escritor se ha impuesto.
   Seis premios de siete candidaturas que dejaron poco espacio a otras películas y ninguno al cine español. De hecho, las cinco películas españolas nominadas, Celda 211, Planet 51, El secreto de sus ojos, Io, Don Giovanni, y Ágora, se han vuelto a casa de vacío, y ni tan siquiera la participación de Televisión Española en el documental ganador Nostalgia de la luz compensó la sensación de cierto fracaso. Además, para colmo de males, el vídeo recordatorio de los fallecidos del año omitió la muerte de nuestro querido Luis García Berlanga.