
Probablemente, sin necesidad de entrar en este humilde blog, a estas horas todo amante del cine se habrá enterado ya de la muerte del gran director Luis García Berlanga. Puesto que en los medios se ha dicho y escrito de todo, difícilmente podré yo añadir algo desde aquí que no hayan leído ya ustedes, queridos filmestésicos, por triplicado. Es por eso que dejaré que sean las propias palabras de Berlanga las que hablen de él mismo y de su concepto de cine:
«Sea arte o no, seguiremos buscando en el cine la emoción de la luz y las sombras, el extravío del espejismo, hasta lograr como aspiración del corazón la disolución total de nuestra conciencia, perdidos en el encantamiento arrebatador de esa fábrica de sueños que, no lo olvidemos, se inventó simplemente como juguete recreativo».
En realidad, no hay razón alguna para lamentarse. Cierto que Berlanga, anciano de ochenta y nueve años, dejó de respirar hace algunas horas, pero ni mucho menos podemos decir que haya muerto. No mientras su obra perdure.
Nadie olvidará jamás a tan célebre cineasta mientras pueda seguir viendo, cuantas veces quiera, magníficas películas como Bienvenido, Míster Marshall o El verdugo. Y es que Luis García Berlanga, como buen gigante del cine, permanecerá eternamente vivo a través de su obra. Así pues, Bienvenido a la eternidad, Míster Berlanga.