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martes, 14 de diciembre de 2010

Clint Eastwood, duro de profesión

Retrato a lápiz del actor en su famoso papel de el Hombre sin nombre para Por un puñado de dólares.

Alto, parco en palabras y letal. Así era el implacable pistolero conocido como El Hombre sin nombre, la primera encarnación cinematográfica importante de Clint Eastwood. Este brutal antihéroe, protagonista de tres espagueti wéstern Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo fue un icono cuidadosamente creado por Eastwood y el director Sergio Leone.
  Para empezar, la elevada estatura de Eastwood lo convertía ya en una presencia destacada. Él mismo cuenta que lo han comparado con una pequeña secuoya. Luego estaban la mirada impenetrable, el rostro curtido y el poncho raído, que le conferían un aspecto amenazador. Eso sin mencionar los cigarros toscanos que Eastwood odiaba tener que fumar y que lo ponían de un humor de perros. Leone le dio un único consejo al actor: «No hagas nada, quédate quieto justo donde estás», y la tensa quietud de Eastwood transmitía una sensación de ira acumulada y a punto de salir disparada de su Colt del cuarenta y cinco en cualquier momento.
  Eastwood cortaba además sus propios diálogos para crear una omnipresente sensación intimidatoria. «Hacía que el aire dijese más que las palabras», dijo el compositor Quincy Jones en cierta ocasión. Cuando por fin abría la boca, era para proferir amenazas entre dientes. Los productores de la primera película se mostraron escépticos al principio. Como el propio Eastwood cuenta, decían: «pero por Dios, este tipo no hace nada. No dice nada. ¡Ni siquiera tiene un nombre! Y ese puro ahí colgando, consumiédose sin más». Sin embargo, el público en todos los rincones del mundo respondió enseguida al aura de misterio tan poderosa que transmitía el enfoque minimalista de Eastwood a la creación del personaje.
  Y eso fue sólo el principio, pues aunque eran muchos los que creían que el actor jamás iría más allá de los papeles de tipo duro, con los años demostró también excelentes dotes para el drama, como se se refleja en Los puentes de Madison o Gran Torino. Además, desde que en 1970 fundó la productora Malpaso, Eastwood ha dirigido más de veintisiete películas, en las que destacan los temas de la redención, la justicia y la expiación. En este sentido, el mayor exponente es Sin perdón, un atípico wéstern que rompe con los estereotipos y desdibuja la línea divisoria entre los héroes y los villanos. 
  Por sus filmes, Eastwood ha recibido dos Óscar a mejor película, dos a mejor director y numerosísimas nominaciones, y continúa haciendo películas que amplían y reinventan los géneros, tramas y mecanismos tradicionales de Hollywood. Esperemos que siga haciéndolo por muchos años más.

«Tiene que haber cientos de razones para que no te dispare. Pero ahora mismo no se me ocurre ninguna.»
Nick Pulovski (Clint Eastwood).